Muchos pensaron que la muerte de las librerías porteñas era inminente. Sin embargo, en calle Cummings encontramos una evidencia de que todavía existen personas que no han sido conquistadas por el fenómeno Internet y que siguen siendo fieles al papel impreso.
Ya al entrar a “Cummings 1” respiramos un aire foráneo. Desde la puerta se escucha el acento “gringo” de Marion Koch, una norteamericana que junto a James Henkel, decidieron hace un año fundar un espacio que mezcle la lectura y el arte.
En sus escasos estantes predominan textos en inglés, francés y portugués por sobre la literatura en nuestra lengua. Esto no es de extrañar, si consideramos que una de las motivaciones de crear este lugar fue el permitir que extranjeros puedan conocer más de la cultura latinoamericana, en sus respectivos idiomas. Sin olvidar al público nacional, que se interesa por otros tópicos como novelas o política.
Pero esta invención norteamericana no se limita a textos, sino que la cuota novedosa la ponen los artistas regionales, que luego de pasar por la selección de los mismos dueños, pueden mostrar sus esculturas, fotografías o colgar sus telas en las paredes de la librería.
Desde hace un año “Cummings 1” nos da la oportunidad de “vitrinear” libros, en un ambiente considerablemente más acogedor que las clásicas librerías de los malls, y por sobre todo mostrarnos otras disciplinas artísticas en medio de un acto tan cotidiano, como ir a comprar un libro.