Si caminamos a altas horas de la noche por las calles de Valparaíso, esperamos encontrarnos con ciertas cosas. Quizás con “patos malos” en las esquinas, o con transeúntes que aparentemente son potenciales asaltantes.
En este terrible escenario pocos de nosotros creemos posible toparnos con una escultura en plena calle que nos invite a pasar a una exposición. A pesar de lo extraño que suene esto, es lo que vemos en una de las principales calles del Cerro Alegre, en la sala de arte “G&T”
A diferencia de las clásicas galerías viñamarinas que funcionan en cómodos horarios de oficina y más aún, en contraste a las otras galerías del mismo Cerro, “G&T” tiene una propuesta muy clara que ofrecernos.
Nada de pintura ni fotografía, sólo esculturas creadas por amigos o por los mismos dueños de lugar, Pamela Gallegos y Gonzalo Tobella, artistas regionales quiénes en el taller ubicado en su propia casa, han dedicado su vida a la escultura.
Dispuestas en una amplia habitación de su casa, las obras “hablan por si mismas”. Nada de colores en las murallas ni música de fondo. La idea es que la gente se concentre en la obra, la contemple sin adornos y aprenda.
Sin seguir con la nueva tendencia de mezclar arte con otros elementos, en esta sala no se pretende vender café ni comida, sino que se quiere mostrar como un lugar donde se entregue arte de manera directa y pura, para que así cada obra tenga un papel fundamental, sin ser un elemento decorativo.
A pesar de mostrar el arte por si mismo, las ventas aún son lentas, a pesar que los precios van desde los 30 a los 200 mil pesos, pues como promedio venden dos esculturas al mes, cuyos compradores son principalmente extranjeros o santiaguinos. Para Pamela esto se debe a que los porteños a pesar de ser ciudadanos de una capital cultural, aún no entienden el arte como una manifestación espiritual, y prefieren seguir con lógica de compra más barato, sin tomarse el tiempo de ver la calidad.