La calle Pedro Montt es una de las arterias más transitadas del Puerto. En ella podemos encontrar micros con letras de todo el alfabeto, la M, la J, la Ñ etc, que nos llevan a cualquier cerro de la zona. Asimismo hay negocios de todo tipo, para comer, para tomar, multitiendas etc. Pero en medio de este ajetreo, aún hay un lugar donde el ruido y la multitud se pueden dejar atrás.
En frente del de la Plaza Victoria, encontramos una gran construcción que data del año 1948 y que los sismos de 1971 y del 85 han obligado a realizar un exhaustivo trabajo de reparación. Actualmente la Catedral de Valparaíso en su fachada esta totalmente restaurada, al igual que su cúpula, solucionando además todos los problemas relacionados con las lluvias clásicas de otoño.
Al entrar no deja de llamar la atención que también las iglesias están conscientes de que la modernidad ha llegado para quedarse. Con un pie dentro de la iglesia, leemos un letrero: “¿Apagó su celular?, junto con otro afiche que llama a donar el 1% de nuestros ingresos.
En su interior vemos innumerables bancas dispuestas para recibir a los fieles, junto con seis confesionarios a los costados. Vemos además una urna que rinde homenaje al “organizador de la patria”, Diego Portales, junto a una placa de la Cámara de Comercio, con la misma finalidad.
La decoración de esta iglesia es digna de destacar. Al avanzar encontramos un cristo colgada por dos cadenas, que lo posiciona en medio del altar. A su lado de un cristo de marfil esculpido en una sola pieza, un santuario de plata y un cuadro de original del pintor italiano Moretto.
Es así como la Catedral de Valparaíso a pesar de estar en medio de “todo” es considerada como una isla en medio del bullicio. Bellas obras de arte, coros y hermosas misas, nos invitan a “frenarnos” un poco y darnos un minuto.