Caminar por la calle Bellavista, significa dejar que nuestros ojos sean atraídos por el imponente edificio del Gobierno Regional o por las distintas actividades que se desarrollan en la Plaza Cívica. Sin embargo, si nos abstraemos y nos dedicamos a ver más allá de las grandes estructuras, nos daremos cuenta que este sector tiene mucho más que ofrecernos.
Entre restaurantes, la Defensoría Penal e incluso una universidad vemos como una pequeña puerta nos invita a adentrarnos en un mundo completamente distinto. Lejos del ajetreo semanal, de las compras del supermercado o de los vendedores ambulantes, este espacio nos regala arte.
Su nombre Sala i. Inaugurada el 2002 este espacio a pesar de ser discretos desde fuera, nos ofrece un ambiente donde cada muestra exhibida tiene una identidad propia, dada principalmente por la decoración y disposición de los trabajos que son detalladamente estudiados por su directora Michelle Olivier y el artista de turno.
Para Michelle este espacio está dirigido al ciudadano inquieto, que quiera bajar a nutrirse de distintas disciplinas como fotografía, pintura pero también con actividades menos difundidas como charlas acerca del bambú, talleres de flamenco, exhibición de documentales etc.
A pesar de no estar permanentemente abierta, esta sala de arte se preocupa de organizar eventos que despierten el interés de la gente, la que muchas veces transita sin saber que al bajar esa escalera se encontrará con un exitoso intento de fusionar las artes con el individuo