Por estos días el nombre de Alfredo Barría suena en más de un medio de comunicación. Y esto no es casualidad. En su calidad de director del Festival de Cine de Valparaíso, se ha esmerado por entregar a este certamen un sello propio, desmarcándose del estilo de los demás festivales que se realizan en nuestro país.
Sin tantas luces, parafernalia ni figuras de la pantalla chica nacional a la hora de su inauguración, el Festival porteño durante sus nueve años de existencia ya se ha formado una personalidad propia.
Rescatar archivo fílmico inédito en nuestro país, salvándolo del polvo y la humedad junto con la exhibición de las llamadas Clínicas de Archivo Fílmico son algunas de las metas que este grupo de cinéfilos concretó para esta versión. Intentan mostrar otro cine, el que por el paso de los años parece olvidado, el que no tiene grandes efectos especiales, ni es record de taquilla.
El Festival ya empezó y con apenas dos jornadas realizadas ya vemos como los dichos de Alfredo Barría se hacen realidad. Grandes obras restauradas, una importantes competencia de documentales en curso y el simposio sobre el trabajo de Hans Jurgen Syberberg son sólo algunos de los atractivos que nos ofrece esta novena versión.
Sin padrinos políticos ni hermanos mayores que lo dirija, el Festival de Cine hace sus propios malabares para sobrevivir. Sin Gobierno Regional ni Municipalidad como soporte la tarea se hace aún más pesada.
Alfredo Barría se toma su tiempo para hablarnos sobre el futuro, los cambios y los problemas económicos que debió enfrentar el Festival, el que a pesar de ser reconocido por todos los porteños y ser el principal evento cultural de carácter internacional que se hace en la región parece correr sólo en la pelea de hacer más accesible este arte.
¿Es cierto que el próximo año al cumplir una década de existencia evaluarán la permanencia del festival?
Cuando iniciamos el proyecto el año 1997, nos propusimos llegar a los diez años, lo que para un proyecto privado sería una hazaña. La década es un alto en el camino para evaluar nuestra continuidad. Por lo tanto serán las variables vocacionales las que decidirán el próximo paso.
¿Qué lo hace querer continuar con esta actividad y cuáles lo incentivan a ponerle fin?
Todo proyecto necesita tomar nota de las nuevas señales que hay en el horizonte. Nuestro festival siempre ha tenido un perfil patrimonial y de archivo, tema que ahora es transversal a muchos eventos. Tenemos que ver si ya cumplimos nuestra tarea precursora y pionera o si nos interesa tener un nicho en el nuevo paisaje del audiovisual chileno. Nos declaramos en crisis de paradigma.
¿Es cierto que para financiar el Festival, algunos exigieron mesas de negociaciones de productores?
Las pautas fijadas para postular al fondo de las asignaciones directas del año 2005 establecidas por el nuevo Consejo del Arte y la Industria Audiovisual apuntan a reforzar la plataforma de industrialización del cine chileno. Como el archivo y el patrimonio no tienen valor de mercado, veremos si tenemos espacio para existir dentro de esas coordenadas.
¿No resulta rentable a pesar de la gran concurrencia?
No puede ser rentable un festival que ha tenido una credencial de 1000 pesos para el público universitario.
¿Se escuchó a algunas autoridades haciendo un llamado a fusionar el festival de cine de Viña con el de Valparaíso, qué opina?
¿Fusionaríamos el Wanderers con el Everton?. Sería la típica melcocha a la chilena, un híbrido que picotea algo de aquí y algo de allá.
¿Qué beneficios traería esta fusión?
No le veo ningún beneficio. En la sociedad de mercado globalizada todo tiende a homologarse. ¿Por qué hemos logrado la hazaña de vivir casi una década? Justamente por marcar un elemento diferenciador.
¿Por qué decidieron suspender la competencia de documentales para el próximo año y luego retractarse?
En primera instancia pensamos que el documental ya no ocupaba un lugar marginal en el audiovisual chileno, ya que incluso tenía su propio festival en Santiago. Además de que nos distraía del perfil especializado en archivo y patrimonio.
Sin embargo revocamos la medida pues en la práctica nos dimos cuenta que la franja de la competencia ha sido exitosa. Ante el éxito de los documentales nadie en su sano juicio se desprende de un nicho exitoso de un proyecto cultural, entonces ¿por qué nos íbamos a inmolar?