En el 165 del Paseo Atkinson -corazón del cerro Concepción- el espíritu francés que se respira en cada rincón de la casa tiene su motor en el matrimonio que dio vida al lugar hace ya cuatro años, en 2006. Judith se enamoró de Valparaíso en un viaje en 1985 y regresó para quedarse con su marido chileno e instalar acá el hotel.
De 1896 data la tradicional casona porteña de techos altos donde dieron vida al espacio. Un trabajo de dos años y medio -pues la encontraron en muy mal estado-, realizado por un arquitecto especialista en restauración y que consistió en arreglarla parcialmente, manteniendo, por ejemplo, la fachada, las ventanas y los pisos de Pino Oregón original, entre otros componentes.
“Piezas” francesas
Un piano con historia da la bienvenida al living del hotel, frente al cual los viajeros no quedan indiferentes. Menos un maestro como Roberto Bravo, quien un día que en que lo visitó para tomar once, aprovechó de sentarse a tocar.
Desde su país natal trajo este instrumento Judith –su primera adquisición de mujer independiente- al igual que cada uno de los sillones, esculturas, cuadros y adornos del acogedor living, las seis habitaciones y la Suite. Cada una de ellas decoradas delicada y sobriamente, con la intención de generar además espacios de personalidades distintas.
Baño privado, televisión por cable, Internet Wi-Fi y desayuno gourmet en cada una de estas habitaciones, entre otros, completan los atractivos de este hotel. Mención aparte para la espectacular vista que regala la terraza, tanto a la bahía de Valparaíso como a los demás cerros.
Un espacio del que no sólo quienes alojan allí pueden disfrutar, pues Atkinson ofrece también -bajo reservas- almuerzos, cenas y recepciones privadas, donde prima una gastronomía de estilo mediterráneo que combina la riqueza del mar con la tradición culinaria francesa.
Encuentro cultural
“Quería recrear un espacio donde encontrar viajeros y estar siempre en contacto con el extranjero”, dice Judith de este lugar, cuya riqueza está también en ese cruce cultural que se da entre los visitantes de distintas nacionalidades que transitan por ahí.
Sin embargo, el sello distintivo de Atkinson radica, según su propia dueña, en la calidad del equipo de atención que ella misma encabeza. Profesionales capacitados a los que Judith incentiva a “regalonear, ser generosos de su tiempo y de su sonrisa” con los visitantes. De ahí que no duda en invitar al público a “vivir una experiencia única, con atención personalizada, para pasarlo bien en un ambiente auténtico y típico de Valparaíso”.
Más información sobre el Hotel Manoir Atkinson en www.hotelatkinson.cl.